Mi padre siempre me pareció como……muy grande. Es decir, los primeros recuerdos que tengo de el, son de un hombre ENORME en todos los sentidos, respetado por propios y extraños, por amigos y enemigos. Y mi perspectiva no está solo motivada (ni exaltada) por llevar su sangre. Realmente estaba muy canijo en lo suyo!……Y ademas medía más de 1.85 jaja
En el escenario y fuera de el, siempre fue el mismo, sumamente cariñoso con su familia (público incluído) tremendamente dedicado, honesto. Y les digo algo a sus fans; la admiración hacia AA es100% justificada! Su discurso no fue un guión, el hombre era auténtico. Bien merecía esa privilegiada posición que se le daba (por encima de la mayoría de artistas de su época).
Pues bien, la participación de don Antonio dentro de su espectáculo era a todos los niveles. Y no podía ser de otra manera, era SU espectáculo. Se divertía tremendamente durante cualquiera de los procesos. Llevaba la dirección estratégica, diseñaba el show, su publicidad, bueno, la hacía hasta de maestro de ceremonias durante algunos de los números. Siempre encima de todos los detalles de producción, mejor dicho, siempre encima de todo. :-)
Pero eso si, el terreno musical era su fuerte. Ahí, Don Antonio realmente conectaba. Tenía como repertorio, un verdadero “arsenal” de emociones y Mexicanidad.
Su música ranchera, aparte de ser auténtica era sumamente “dignificante”. A mi modo de ver, hacía que el escucha conectara con una parte de su orgullo, que en lejanas tierras o con ciertas presiones sociales, a veces resultaba más que elusiva.
Todo lo anterior, presentado con los más elegantes y tradicionales trajes de charro y “enmarcado” por sus hermosos e inseparables caballos. Nobles bestias que a la postre resultarían ser binomio con la imagen del que era conocido Como “El Charro de México.”
El repertorio de un músico siempre está cambiando. Cada nuevo trabajo, la lista de canciones se modifica. Y con los más de 50 álbumes que llevaba grabados para esas fechas la lista de canciones de mi padre SIEMPRE estaba en movimiento.
Entre algunas que recuerdo cantaba por ese tiempo están:
“Caballo Prieto Azabache,” “Los Laureles,” “Estrellita Marinera,” “Albur de Amor,” “Gabino Barrera,” “La Yegua Colorado,” “Simon Blanco,” “Canción Mixteca,” “Paso del Norte,” “El Caballo Bayo,” “La Tumba Abandonada,” “El Chivo,” “El Califa,” “El Moro de Cumpas,” “Mi Caballo el Cantador” entre otras. También hacía adiciones al repertorio de acuerdo a la situación, al momento o al lugar donde se encontraba. Por ejemplo, si estábamos en Puerto Rico, incluía temas emblemáticos de la isla versionados vanguardista y elegantemente con su mariachi. Canciones como: “Preciosa,” “En mi Viejo San Juan,” “Amanecer Borinqueño,” “El Jibarito,” “Perdón” etc. Adquirían una nueva y “fusionada” personalidad tras pasar por la visión de Antonio Aguilar y su equipo. Y así en varios lugares. Cuando visitaba regiones con historia musical que le mereciera respeto, hacia un pequeño homenaje. “El corrido de Monterrey,” “Villahermosa,” “Tampico Hermoso” y hasta “I left my heart in San Francisco” o “America” fueron parte de su camaleónico repertorio.
Después de la presentación de mi padre, seguían dos o tres números más, para después cerrar con un “gran finale” compuesto por mi familia a caballo cantando “Viva México” rodeados por más de 15 charros a todo galope cada uno portando una bandera de algún país visitado.
Como ya escribí, este espectáculo recorría el continente, especialmente Mexico y EU.
Y por sus características / requerimientos en esa etapa, su planeación tenia que hacerse con mucha anticipación. Tanto oficinas como socios de mi padre estaban basados en Mex y EU. llevando así un manejo organizado y sumamente profesional de los tiempos
(como hasta la fecha no he vuelto a experimentar)
Mi padre repartía los 365 días estratégicamente. O grababa, o filmaba o estábamos de gira.
El calendario era programado con un año de anticipación, las fechas en arenas, coliseos y Fair Grounds, quedaban comprometidas de manera adelantada. O sea, no solo apartaban el lugar del evento, también hacían lo mismo con hoteles, equipos, transporte, personal y números adicionales.
Esta manera de trabajar, hacía que existiera cierta rutina, lo cual me daba un peculiar sentido de pertenencia. Llegábamos a los mismos hoteles, nos hospedábamos en los mismos cuartos, viajábamos por los mismos caminos, parábamos en los lugares conocidos. Siempre extrañando y paradójicamente, siempre con la ilusión de llegar al nuevo destino. Todo el tiempo re-descubriendo los mismos lugares…..una constante aventura “charrockanrolera”
Crecí viviendo dos realidades, la primera como parte de un concepto familiar artístico siempre en movimiento. Y la otra como cualquier hijo de familia Mexicana de esa época. Con costumbres arraigadas y reglas estrictas.
Mis padres nunca necesitaron estar en casa para educarnos con los valores que creían correctos. Por lo tanto las salidas durante las giras más que a antros eran a restaurantes, parques de diversiones y centros comerciales. Y en estos últimos principalmente a tiendas de discos (8 tracks y cassettes! Jaja).
Contaba con cientos de horas libres, así que las destinaba a mis hobbies, leer y escuchar música, (que ya para entonces consumía hasta con cierta obsesión).
En ese departamento (el musical) también existían marcadas dualidades dentro de mis gustos.
Ya en anteriores posts les platiqué sobre los primeros recuerdos relacionados con música tradicional Mexicana. Ahora empezaré a contarles acerca de aquellos primeros acordes rockanroleros que vibraron mis recién estrenados tímpanos. Grupos como Pink Floyd, Queen, Led Zeppelin, YES, Rolling Stones, Rush, Génesis, etc, dominaban la escena mundial (y mis oídos). También en el rock (y música en Inglés en gral.) mi gusto era como muy………ecléctico. :-)
Lo mismo oía “Revolution” de Los Beatles que “Rock and Roll” de Led Zeppelin, “Last Dance” de Donna Summers, que “The End” de los Doors. Igual sonaba Gino Vannelli que los Commodores, me emocionaba con Iron Maiden y también con Styx. Igual “tripeaba” con Mike Oldfield que con Vangelis.
Es 1978, me llamo Pepe y tengo 9 años, con dinero propio compro mi primer instrumento….una batería. :-) (a escondidas)
Fin de parte 2